6/11/07

¿Inician? devolución de libro robados en la Guerra del Pacífico

Ayer, más de 120 años después de habérselos afanado, el gobierno chileno devolvió al Perú 3778 textos y prácticamente dio por terminado el asunto.


"Estamos entregando todo, 3.788 volúmenes", asegura Nivia Palma, de la Dirección de Archivos, Biblioteca y Museo de Chile, ante la versión de que los libros saqueados por Chile en 1881 no serían 3.788 sino unos 40 mil. Nivia Palma señala que el conteo que hace Chile no es de unidades. Un volumen puede contener dos o más tomos que hasta hace poco se encontraban en la Biblioteca Nacional de Chile y la Biblioteca Santiago Severín de Valparaíso.


Curiosamente, una Palma, Nivia Palma, entregó ayer los libros al director de la Biblioteca Nacional de Perú, Hugo Neira, lejano sucesor de Ricardo Palma, el reconstructor de nuestra biblioteca luego de su destrucción el siglo antepasado.


Cancillería y el Director de la BNP Hugo Neira han expresado su satisfacción y está bien que sea así, pues perece un gesto importante del Estado chileno luego de más de un siglo de negarse a aceptar oficialmente su responsabilidad en el saqueo cultural tras la guerra.


Pero hay que recordarle a Palma lo que decía Palma en el periodo de la reconstrucción de la Biblioteca, es decir, que tal ya no existía porque de 50 mil volúmenes que había tenido solo quedaban 700.


No es "una versión", sino algo totalmente documentado que soldados chilenos saquearon a lomo de burro la biblioteca nacional, la de San Marcos y la de diversos particulares durante la ocupación de Lima y que estos libros fueron a parar a manos de instituciones públicas y privadas en Chile. Algo denunciado por intelectuales chilenos incluso en el momento de producirse el robo y que fue parcialmente reconocido en una lista publicada en el diario oficial del gobierno chileno.


Así pues, no han "entregado todo" sino una minucia que como gesto se reconoce, pero que debe ser el inicio de un proceso de restitución de todo el patrimonio cultural robado. A ver si se ponen bravos en cancillería y se arma una comisión técnica binacional para ubicar los ejemplares. Porque los que se han ubicado son los más fáciles: los que tienen el sello de la biblioteca peruana.

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